La vitamina C es hidrosoluble, lo que significa que el exceso que el organismo no utiliza se elimina por la orina. No se acumula en tejidos como las vitaminas liposolubles (A, D, E, K), lo que la hace considerablemente más segura a dosis elevadas.
Dicho esto, por encima de 1.000-2.000 mg/día pueden aparecer molestias gastrointestinales: diarrea, náuseas o acidez. Es el efecto adverso más frecuente y, en general, reversible al reducir la dosis. En personas con tendencia a los cálculos renales de oxalato, dosis muy elevadas y mantenidas pueden aumentar el riesgo, ya que el ácido ascórbico se metaboliza parcialmente a oxalato.