En España, existe una arraigada costumbre de consumir café de baja calidad, también conocido como café comercial. Este tipo de café suele estar compuesto por granos robusta, tostados de forma muy oscura para enmascarar defectos en su sabor. El resultado es una bebida excesivamente amarga, sin matices, de origen desconocido y producida con estándares mínimos. Por eso es más barato, pero también menos satisfactorio y menos saludable.
El café de especialidad, en cambio, pertenece a una categoría superior. Se trata de un café de alta calidad, cuidadosamente cultivado, procesado y tostado para preservar todo su potencial aromático y de sabor. Según la Specialty Coffee Association (SCA), un café debe obtener una puntuación mínima de 80 sobre 100 en una cata profesional para ser considerado de especialidad.